La tragedia en la vida del hombre complejo, lo que lo sume en esa ansiedad punzante, es la necesidad de preguntarse constantemente el porqué de las cosas; tener un control sobre todo lo que sucede a su alrededor e incluso dentro de sí. El vano, que en efecto ignora la mayoría de las cosas que el hombre complicado sabe, sí parece conocer una muy importante: la vida fluye por sí sola y no hay que interrumpir el natural cauce por el que transcurren los acontecimientos.
Espacio, más que tiempo
Porque lo que de verdad ahoga, más que el deletéreo tic-tac del reloj de pared, es el aliento fétido de heridas mal curadas; espacio, más que tiempo, es lo que necesitamos.